Hay una situación que me encuentro más veces de las que debería. Una empresa tiene una web. La web funciona. O, al menos, parece funcionar. Alguien la hizo hace unos años. Quizá ese proveedor ya no está. Quizá sigue estando y cobra un mantenimiento mensual. Quizá hay otra persona que “se ocupa de ella”. O quizá nadie sabe muy bien quién tiene que hacer qué.
Y entonces aparece una duda bastante razonable:
¿Mi web está realmente bien mantenida?
No hace falta que esté caída.
No hace falta que haya sido hackeada.
Ni siquiera tiene que existir un error evidente.
A veces basta con esa sensación de que nadie está mirando demasiado. Actualizaciones pendientes. Un aviso que lleva meses apareciendo. Una parte que dejó de funcionar. Una versión de WordPress antigua. Un formulario que nadie recuerda cuándo se comprobó por última vez.
O algo todavía más sencillo: estás pagando por un mantenimiento web, pero realmente no sabes qué se está haciendo.
Y creo que ahí merece la pena parar un momento y mirar.
No deberías necesitar saber de WordPress para saber si tu web está bien cuidada
Esto me parece importante. Si tienes una empresa, tu trabajo no debería ser saber qué plugin hay que actualizar primero, qué versión de PHP utiliza tu servidor o si una determinada actualización puede generar una incompatibilidad.
Para eso, precisamente, contratas a alguien. Pero sí deberías poder saber algo mucho más básico:
¿Qué se está haciendo con tu web?
- Si pagas un mantenimiento: debería existir algún tipo de seguimiento.
- Deberías saber si se actualiza.
- Deberías saber si existen copias de seguridad.
- Deberías saber si se han encontrado problemas.
- Y, sobre todo, deberías poder preguntar y recibir una respuesta comprensible.
No un montón de palabras técnicas para que parezca que todo es tremendamente complicado.
Porque algunas cosas lo son.
Y otras, sinceramente, no tanto.
Sí: muchas veces actualizar una web es darle al botón de actualizar
Voy a decir algo que quizá no sea demasiado popular entre quienes nos dedicamos a esto. En una web bien desarrollada, utilizando herramientas mantenidas correctamente y con una estructura razonable, una buena parte de las actualizaciones habituales no deberían convertirse en una operación a corazón abierto. ¡Y no lo es!
Muchas veces, efectivamente, hay que darle al botón de actualizar.
Y ya está.
Pero aquí viene el matiz importante: El trabajo profesional no está necesariamente en hacer clic.
Está en saber cuándo hacerlo, qué estás actualizando, qué puede afectar a qué, tener una copia de seguridad y comprobar después que todo sigue funcionando correctamente.
Porque hay actualizaciones que pueden generar problemas. Plugins que dejan de ser compatibles. Desarrollos personalizados que necesitan una revisión. Cambios de versiones importantes. Actualizaciones que es mejor aplicar en cierto orden.
Y webs construidas de una forma tan complicada que tocar cualquier cosa puede convertirse en una aventura.
Ahí está la diferencia.
No en vender como extremadamente complejo algo que no lo es, sino en tener el conocimiento suficiente para distinguir cuándo algo es sencillo y cuándo hay que tener cuidado.
Una web bien hecha también debería ser fácil de mantener
Para mí, esto dice bastante sobre cómo se ha desarrollado una página web. Una buena web no solamente tiene que verse bien el día que se entrega. Tiene que poder sobrevivir al tiempo.
Tiene que actualizarse. Tiene que permitir hacer cambios. Tiene que poder crecer. Y tiene que ser razonablemente fácil de mantener.
Si cada actualización genera miedo, si cualquier pequeño cambio rompe otra cosa o si para modificar un teléfono hacen falta tres horas de trabajo (ok exageré mucho, pero ¿me sigues?), quizá el problema no esté en el mantenimiento.
Hace unos días, una bodega de Valladolid, se quejó a su proveedor.
Los textos de la web se veían unos sobre otros: la respuesta del proveedor fue: «Es que en algunos exploradores se ve mal. Eso es normal» ¿Cómooooooooooo? ¿Un texto con un interlineado mal puesto?Si algo así de absurdo genera esa respuesta, no quiero saber lo demás…
Quizá esté en cómo se construyó la web desde el principio. Hay excepciones, por supuesto. Pero hacer las cosas sencillas también forma parte de hacerlas bien.
El otro extremo tampoco me convence: actualizar todo automáticamente
Entonces alguien podría pensar: “Perfecto. Activo las actualizaciones automáticas y me olvido”.
Yo tampoco lo haría así. Las actualizaciones automáticas pueden ser útiles en determinados casos, pero automatizar no significa mantener.
Puedes automatizar una actualización.
Lo que no puedes automatizar tan fácilmente es comprobar si después de esa actualización el formulario sigue enviando correctamente, el menú móvil funciona, una integración continúa conectada o una determinada página ha empezado a mostrar un error.
Y ahí está uno de los problemas.
Una web puede llevar meses actualizándose automáticamente mientras nadie la está revisando realmente.
Hasta que alguien encuentra algo que lleva semanas roto.
Mantener una web significa actualizar, sí.
Pero también significa mirar.
“Estoy pagando mantenimiento web, pero no sé exactamente qué hacen”
Esta es probablemente una de las frases que más me interesan. Porque pagar un mantenimiento no garantiza necesariamente que exista un buen mantenimiento. Me he encontrado webs con servicios de mantenimiento contratados y bastantes actualizaciones pendientes.
Webs con plugins que llevaban años sin recibir soporte de sus desarrolladores. Copias de seguridad que nadie sabía dónde estaban. Versiones antiguas. Errores visibles. Problemas básicos de seguridad.
Licencias que pertenecían al antiguo proveedor. Usuarios administradores que nadie sabía quién había creado.
O simplemente una web que llevaba mucho tiempo sin que nadie se parase cinco minutos a mirarla con atención. ¿Significa esto que tu proveedor está trabajando mal?
No necesariamente.
Y tampoco quiero que este artículo sirva para empezar una guerra con quien lleva tu web. Puede existir una explicación. Puede haber una actualización pendiente porque se ha decidido esperar. Puede existir un problema que ya esté detectado. Puede haber circunstancias técnicas que tú no conoces.
Por eso creo que antes de señalar a nadie hay algo mucho más útil: tener información.
¿Cómo saber si el mantenimiento de tu web es adecuado?
No necesitas una lista con cincuenta puntos técnicos.
Puedes empezar por algunas preguntas bastante sencillas:
- ¿Sabes cuándo se actualizó tu web por última vez?
- ¿Recibes algún informe o comunicación sobre el mantenimiento?
- ¿Sabes si existen copias de seguridad y con qué frecuencia se realizan?
- ¿Alguien comprueba que los formularios y funciones importantes siguen funcionando?
- ¿Los plugins, temas o herramientas que utiliza tu web siguen teniendo soporte?
- ¿Tu web utiliza una versión actual y mantenida de sus tecnologías?
- ¿Sabes quién tiene acceso como administrador?
- ¿Sabes dónde está alojada tu web y quién controla el dominio?
- ¿Cuando aparece un problema sabes a quién acudir?
- ¿Tu proveedor te explica las cosas de una forma que puedes entender?
No hace falta responder perfectamente a todas.
Pero si prácticamente todas te generan un:
“Pues… no tengo ni idea”
quizá merece la pena revisar cómo se está gestionando tu web.
Mi anterior proveedor ya no está. ¿Y ahora qué hago?
También ocurre constantemente. Una empresa hizo la web. Pasaron tres, cinco o diez años. El proveedor desapareció, cerró, dejó de ofrecer el servicio o simplemente la relación terminó.
Y la web se quedó ahí. Funcionando. Hasta que deja de hacerlo.
En estos casos, lo primero que recomiendo es no empezar cambiando cosas sin saber exactamente qué tenemos delante. Primero hay que entender la situación.
- Qué tecnología utiliza la web.
- Dónde está alojada.
- Quién controla el dominio.
- Qué herramientas necesita.
- Qué está actualizado y qué no.
- Si existen copias de seguridad.
- Si hay desarrollos que dependan de algún proveedor.
Y qué problemas son realmente importantes.
Antes de reparar, hay que saber qué tenemos.
Parece evidente, pero no siempre se hace.
Y no: no todo lo que encuentres significa que necesitas una web nueva
Esta parte también quiero dejarla clara. Porque una auditoría web no debería consistir en encontrar veinte problemas para terminar diciendo:
“Hay que hacer una web nueva”.
Puede que sí. Pero muchas veces no. A veces una web necesita actualizarse.
- Otras necesita limpiar cosas que ya no utiliza.
- Mejorar seguridad.
- Corregir algunos errores.
- Optimizar su velocidad.
- Ordenar contenidos.
- Actualizar textos.
- Revisar cómo aparece en Google.
O simplemente establecer un mantenimiento adecuado a partir de ahora. Y puede ocurrir también que tu web esté bastante bien. En ese caso, lo correcto será decirlo.
No todo tiene que cambiarse.
Por eso he creado una auditoría web que puedes solicitar sin coste. ¡No vengo a venderte nada! No al menos ahora…
Precisamente por encontrarme tantas veces con estas situaciones he creado una auditoría web inicial de NIMBADA.
La idea es muy sencilla. Si tienes dudas sobre tu web, puedo revisarla desde fuera y darte una valoración profesional de su situación.
Sin compromiso.
Y actualmente, sin coste.
Es una auditoría valorada en 150 € que durante esta acción puedes solicitar por 0 €.
No es un informe automático que introduce tu dominio en una herramienta y devuelve cincuenta gráficos que probablemente no vas a entender.
Utilizo herramientas para analizar y contrastar información, por supuesto. Pero después hay una revisión.
Hay criterio. Y hay una persona mirando tu web.
¿Qué voy a mirar?
Entre otras cosas, revisaré:
Primera impresión.
Si se entiende rápidamente quién eres, qué haces y qué debería hacer alguien que llega a tu web.
Diseño y experiencia de usuario.
Si la información está ordenada, la navegación tiene sentido y encontrar lo importante resulta sencillo.
Versión móvil.
Porque una web que funciona perfectamente en un ordenador puede ser bastante incómoda desde un teléfono.
Rendimiento.
Señales de velocidad, carga, peso y otros problemas que puedan estar afectando a la experiencia.
SEO y presencia en Google.
Estructura, títulos, contenidos, metadatos e información que puede observarse públicamente.
Seguridad.
HTTPS, configuraciones visibles, formularios, cookies y otras señales externas que pueden indicar problemas.
Conversión.
Si tu web realmente ayuda a que un visitante contacte, compre, reserve o haga aquello para lo que la web debería existir.
Analítica y mantenimiento.
Señales que permitan entender cómo se está cuidando y midiendo actualmente tu página.
Y algo que para mí es igual de importante:
también te diré qué está bien.
No necesito tus contraseñas
Para esta primera auditoría no necesito acceso a WordPress.
Ni al servidor. Ni a tu correo. Ni a Google Analytics. Ni a Search Console.
Ni necesito que me envíes ninguna contraseña.
Voy a analizar toda la información que pueda obtener de forma externa y la que tú quieras facilitarme voluntariamente para dar contexto. Hay muchas cosas que pueden conocerse simplemente mirando bien.
Si después resulta necesario acceder al interior de la web para realizar una auditoría técnica más profunda, te lo explicaré y ese trabajo se valorará aparte.
Pero para solicitar esta primera revisión no tienes que darme acceso a nada.
¿Y después tengo que contratar algo?
No.
Y quiero que esto quede especialmente claro. La auditoría tiene que ser útil aunque después no trabajemos juntos. Puede ayudarte a hablar con tu proveedor actual. Puede servirte para pedir que se solucionen determinados problemas. Puede ayudarte a decidir qué deberías mejorar próximamente.
O quizá confirme que tu web está bastante mejor de lo que pensabas.
Perfecto.
El objetivo es que termines sabiendo un poco más sobre algo que, al fin y al cabo, pertenece a tu empresa.
Tu web no debería ser una caja negra
Creo que esta es la idea con la que me gustaría terminar.
- No tienes por qué saber desarrollar una web.
- Ni actualizar WordPress.
- Ni configurar un servidor.
- Ni entender de seguridad, SEO, cachés, DNS o bases de datos.
Pero sí deberías saber qué tienes y si está siendo cuidado correctamente.
- Tu web forma parte de tu empresa.
- Es un activo.
- Y no debería convertirse en algo que nadie se atreve a tocar porque “mejor no tocar, que ahora funciona”.
- Si tienes dudas, podemos empezar simplemente mirando.
- Sin contraseñas.
- Sin compromiso.
- Sin necesidad de gastar un euro.
Y sin partir de la idea de que todo está mal.
Si algo está bien, te lo diré.
Si algo no merece que gastes dinero en cambiarlo, también.
Y si encuentro algo que deberías revisar, te explicaré por qué.
Eso es, básicamente, una auditoría con criterio.
¿Miramos tu web?
Puedes solicitar ahora la auditoría web gratuita de NIMBADA., valorada en 150 € y disponible actualmente por 0 €.
Solo necesito algunos datos básicos y la dirección de tu web para empezar.
Sin tarjeta. Sin compromiso. Sin accesos.


